jueves, 30 de julio de 2009

Dulce Introducción al Caos.

Mientras tanto pasan las horas,
sueño que despierto a su vera,
me pregunto si estará sola
y ardo dentro de una hoguera.


miércoles, 29 de julio de 2009

Mi vida es una mierda (Al lado de la tuya)

Mi vida es una mierda (al lado de la tuya)

Nunca compré un piso por 8 millones para venderlo después por 50. No fuí de los que compraron acciones de Terra para ver, en pocos días, que habían multiplicado su valor por cuatro.
No tengo prácticamente nada. No tengo piso, ni un cochazo. No tengo novia tetona que ostentar, ni un placentero matrimonio con dos hijos. No tengo un puesto de responsabilidad en una gran empresa, ni un turno de 7 horas que es una delicia porque todos los días como en casa. Para serte sincero, ni siquiera tengo trabajo.

No sé tocar ningún instrumento. No estoy puesto en nada. No tengo ninguna habilidad especial.

No he pasado dos años en Nueva York aprendiendo inglés, ni tengo un Master en nosequécosa. A decir verdad, aprobé el COU comiendo el coco a un profesor. Me costó un huevo, pero al final conseguí pasar de curso para sacar un flamante 2,5 en selectividad.

He emprendido mil cosas y no he terminado ninguna. Abrí una empresa que se fue al garete en unos tres meses. Abrí otra que ni siquiera ha empezado a funcionar.
No tengo ahorros.
Estoy gordo y desdentado. No me gusta la ropa de marca. No me cuido la piel... Hay días que ni me ducho.
Limpio mi casa los viernes. Por si ligo, cambio las sábanas y pongo unas con doble ración de suavizante.

No tengo el gen del triunfo.

Soy lo que se dice un puto desastre.



Pero hablemos de tí.

¿Alguna vez te has tumbado a ver las estrellas y has llorado sin saber porqué? Estoy seguro de que nunca te has ido de camping con unos amigos de verdad, y te has contado la vida entre copas.
¿Has probado alguna vez a caminar cuesta arriba hasta coronar alguna cumbre? Se siente un gran placer. Aunque la cumbre no sea muy alta.
No sé si habrás sentido el agua del mar en tus pies, en una playa vacía. Es una sensación maravillosa, íntima, casi erótica...
¿Tienes algún poema preferido que te guste leer una y mil veces? ¿Has descubierto entre líneas que ese poema habla de tí? ¿Eres capaz de llorar hasta la última lágrima escuchando alguna canción ñoña?
Yo he sentido muchas veces el calor de una amistad sincera, pura. ¿Sabes tú qué es tener un amigo de verdad?
¿Alguna vez has trabajado sin ánimo de lucro? ¿has hecho alguna vez algo por hacer felices a los demás?
¿Tienes principios? Me refiero a principios de verdad, no a aquellos de los que se vanagloria uno en público para después olvidarse. ¿Te has parado alguna vez a pensar en los que no tienen nada? ¿Has sentido alguna vez dolor por el sufrimiento de los demás? ¿has hecho alguna vez en tu puta vida algo por alguien sin esperar nada a cambio?
¿Te has enamorado alguna vez del intelecto de otra persona?

¿Tienes un sueño que sabes que nunca podrás cumplir, pero que te da alegría solo con soñarlo?

Cabrón. Estás vacío.

Tu vida es una mierda (al lado de la mía)

lunes, 27 de julio de 2009

Seamos uno.

Sube a casa.

No tengo mucho que ofrecerte. Algo de cerveza con poco gas, una bolsa de esas patatas que vienen en pack familiar de ahorro y un trozo de Espetec que bien estirado con un trozo de pan puede convertirse en un montadito.

Quédate a dormir.

Las sábanas no ajustan bien. Puede ser que se salgan del colchón en el medio de la noche, y despertemos convertidos en un amasijo de piel, pies y tela ajada. No tengo reloj. Eso es una cosa buena ¿no?

Hagamos el amor.

Ahora que estamos intimando, te diré que no sé si voy a acordarme de cómo se hace. Me refiero a hacer el amor, no a follar. Todo el mundo sabe como se folla, desde luego, pero muy pocos saben hacerlo para la otra persona en lugar de para sí mismos.

Mientras las cosas estén como están, todo lo que tengo es de quien tenga aún menos que yo.

Eso sí. Cuando todo cambie, cuando nos vaya mejor y cambiemos el tablero pelado por el mantel de hilo. Cuando tengamos ternera en lugar de tortilla de cebolla, prométeme que seguiremos siendo lo que somos ahora: dos almas medianas formando una grande.

¿De acuerdo?

miércoles, 22 de julio de 2009

Miércoles.

Mierda...

Te echo de menos...

Los minutos de plomo del miércoles caen indolentes en la balsa de aceite de mi vida. Salpicando cada rincón de mi indecisión.
Yo, que en mi puta existencia he planchado una camiseta, lo hago ahora cuidadosamente. Por si es esa la clave.
Yo, que nunca me afeito hasta que parezco un pobre mendigo, lo hago ahora dos o tres veces en semana. Por si es esa la manera de acercar un poco las generaciones...
Yo, que había aceptado los kilos de más como definitorios de mi vida, pienso ahora cómo adecuarlos a tus apetencias.

El desierto de las sábanas es más árido aún cuando no he paseado mis sueños por tus pechos inexplorados. No hay colores si mis ojos no se han bañado en tus ojos nuevos. Y no percibo los olores si no puedo compararlos con los de tu piel fragante de leche.

Siempre he optado por los imposibles. No me preguntes porqué, pero las cosas fáciles no me resultan atractivas.

Una vez alcancé la quimera... Duró lo que duró. Poco, en cualquier caso, pues me aguardaba la gran, gran cuesta arriba de tus piernas manchadas.

Pido al Dios en el que no creo que los miércoles se acaben cuanto antes. Mañana será otro día en el que perder.

viernes, 17 de julio de 2009

Dónde estarás...



Un día sin verte es mucho tiempo... Incluso para mí, que estoy acostumbrado a las esperas pacientes llenas de fantasmas (algunos buenos, algunos malos)

Llevo horas preguntándome dónde estarás. Un bicho enorme me muerde el estómago si pienso que te estarás divirtiendo en algún bar de copas... Se me rompe el gesto si pienso que te encuentras bajo algún espécimen sudoroso, en algún catre invigilado.
En realidad, me encantaría que estuvieses mirando la luna creciente. Preguntándote, como yo, dónde estaré a estas horas. Sufriendo por mí. Muerta de celos.

No es justo. Lo sé... Sé que no debería desearte la incertidumbre. Pero es lo que hay. Y aquí, en este papel mudo de elocuencia, lo escribo para que conste.

Dormir abrazados

Querida Amiga:

No puedo borrar de mi mente el recuerdo del olor de tu cuerpo pequeño entre mis brazos. Y lo que es peor (o mejor): no quiero borrarlo.

El sólo hecho de tener tu piel de papel de seda pegada a mi piel de acantilado, vale más que cualquiera de los mejores polvos que he podido echar en mi vida. Me reía por dentro al sentir tu pelo fragante de champú del Mercadona pugnando por entrar en mi nariz y hacerme estornudar. Tuve calambres en la espalda de estar tanto tiempo sin moverme, y más tarde, agujetas durante una semana debido al peso de tu cabeza sobre la parte interior de mi brazo. Te confieso que no pegué ojo. Y sin embargo soñé. Soñé que era un embarcadero construído en un lago de leche tibia, que albergaba un barquito que se mecía al compás de tu respiración.

Dormir abrazados. No hizo falta nada más para que en mi alma quedara grabada aquella noche cálida de invierno junto a tí. El sexo es algo que se vuelve secundario cuando el amor es tan grande y puro, y la proximidad establece puentes eternos entre un cuerpo y otro. Durante unas horas, tuve la sensación de que éramos sólo uno. O una. No importa: si el sexo no tiene importancia, figúrate la banalidad del género.

Recé una oración pagana para intentar evitar que los rayos del sol entraran insolentes por entre las rendijas de la persiana, y porque el ruído de los motores de los coches de las personas que empezaban a irse a trabajar se apagara, convirtiendo la noche en eterna.

Pero fue imposible.

Te separaste de mí haciendo un ruído parecido al de un filete de ternera que se despega de la encimera de la cocina. Y, tápense los oídos las mentes delicadas, me cagué en Dios.

Mi cuerpo se levantó para ir a trabajar, pero mi alma se quedó ahí, en la cama. Esperando que tu barquito volviera a atracar para mecer suavemente mi mediocridad.

miércoles, 15 de julio de 2009

Desamistad.

Querida Amiga:

Que la amistad eterna sale por la ventana cuando por la puerta entra el amor -aunque sea ocasional- es por todos sabido.
Las amistades que, abrazados entre nubes etílicas, nos prometimos hace años, han resultado ser más frágiles que el papel de fumar.

Te echo de menos. Me da cierto reparo decirlo cuando me has tratado así. Por eso lo escribo...

Te echo de menos.

Nunca pretendí ir contigo más allá de las fronteras de la amistad. Aunque, ahora que lo pienso, algo de carne húmeda dentro de los dominios fraternales hubiera sido el no va más. Pero bueno, siempre me dejaste muy claro que eso no sería jamás así. Y estaba muy satisfecho con lo que teníamos.

Durante meses tuviste abierta para mí la puerta de lo nuevo, de lo diferente. Salí de mi vida oscura y de mi mirar para adentro. Eso no lo olvidaré jamás, y jamás dejaré de estarte agradecido. Llegué a pensar cómo obrarías tú antes de dar ningún paso. Llegué a tenerte como referente cada minuto de mis días nuevos.

Pero ahora las cosas no están así.

Me pregunto si tengo derecho a esperar que, al mirar a mi alrededor, estés tú ahí.

Supongo que no.

Sin embargo sí creo que, en aras a lo vivido, me merezco una tarde de calidad por lo menos cada trimestre. Ya sé que suena amargo, pero tú me conoces y sabes que no me gusta andar rodeando los conceptos antes de decir las palabras.


Por otro lado, y echando mano de mi autoestima deficiente, te diré que creo que yo también te dí algunas cosas. No sé si buenas, malas, o mediocres. Me gustaría que algún día me dijeras qué te aporté yo a tí, si es que te aporté algo digno de no olvidar.

Creo saber porqué has desaparecido. Siempre he funcionado bien como paño de lágrimas para las personas. Y donde escribo "paño" creo que debería haber escrito otra palabra, pero paso. No quiero parecer plañidero, porque la etapa de llorar por este asunto ha pasado. Pero cuando se acaban las dudas, los pañuelos se guardan en lo más profundo de los cajones. No sé si me explico.

Francamente. Creo que no es justo.

¿Qué hacemos ahora? O no hacemos nada.

Te deseo mucha suerte, mucha felicidad, y muchos amigos.